Vendas… gasas limpias…alcohol… algodón… cinta… entablillado… y, finalmente, el anillo de mi madre.Ahora tengo todo listo para trabajar. No puedo evitar sonreír al pensar en qué cosa voy a escribir hoy. Son las 2:00 pm y es hora de comenzar, así que voy ami escritorio con pluma en mano y me siento dispuesta a hacer mi mayor esfuerzo para sorprender a mis lectores con mis historias. Tomo una hoja en blanco y observo por la ventana hacia el bosque que siempre me inspira.  Hoy, el cielo es azul intenso con enormes nubes blancas que caracterizan al verano. La idea ha llegado, es hora de escribir:

“CONFÍA EN MI”

            – ¿Por qué lloras? – me acerco a una chica que solloza silenciosamente en una banca del parque. Ella se ve unos 10 años más joven que yo y al parecer está sola, no hay nadie a su lado.

            – ¡Eso a ti no te importa! – me contesta de forma explosiva y sigue llorando.

            – Tienes razón, eso a mí no me incumbe. Pero veo que estás sola y no me gusta ver a una persona llorar sin el apoyo de nadie-. Al decir estas palabras ella me mira con asombro. Observa al piso por unos instantes para luego responderme con dolor: – La razón por la que estoy llorando es porque falleció mi madre y ella siempre me traía a este parque, su recuerdo me da un sabor agridulce-.

            – Ya veo – le respondo con voz entrecortada. – Eres como yo. Cuando tenía tu edad también perdí a mi madre, y mucha gente en la que confiaba me dejó sola. Por eso me gustaría ayudarte -.

            – ¿Y cómo piensas hacer eso? – me dice incrédula. Le contesto de la manera más dulce que puedo. -Diciéndote las palabras que me hubiesen gustado escuchar a tu edad-. Veo en sus ojos un leve brillo de esperanza, así que prosigo. -Si me hubieran dicho a dónde iba, de seguro habría perdido mi camino. También sé que no somos el peso de nuestros recuerdos.Confía en las cosas que tienes miedo de decir, porque en ellas veo posibilidades que tú no puedes ver. Agradece la oscuridad que vives ahora,porque de ella apreciarás la luz que está a punto de llegar. Confía en que caíste para aterrizar al lado de mejores personas. Confía en que el mañana es más fuerte que el presente, porque tu mente es el único obstáculo en el camino.Y me gustaría que vieras como las cicatrices se convierten en belleza cuando aceptas que está bien no sentirse bien. Resiste porque a pesar de todo sigues viva y con un corazón latente. Confía en mi porque yo he estado donde tú estás ahora, y he sentido el dolor de perderse a sí misma. No sabes cuantas veces sentí que moría… pero aún sigo de pie y te ayudaré a estarlo también-.

            – ¡Wow! … gracias… de verdad… gracias-. La chica terminó llorando más, pero eso no importa, cuando le decía esas palabras pude ver esa esperanza crecer y eso es suficiente recompensa para mí.

            Firma, Evy.

            Terminé justo a tiempo, llega el cartero a la misma horade siempre y le entrego mi artículo. Este se publica en una revista y al parecer mis textos gustan mucho.

            Llegan las 10:00 pm, mi hora favorita del día. Puntual como siempre se escucha que la puerta se abre de golpe, los pasos inconsistentes de un hombre corpulento se acercan a mi habitación. Al abrir la puerta veo su cara, con la mirada llena de odio que desea dañar a otros. Tiene el garrote en su mano, y aunque nunca me ve a los ojos sé que es lo que sigue.Alzo la mirada, le sonrío y digo con tono alegre: – Bienvenido a casa, padre-.

Escrito por Aída Godínez de la Preparatoria 17