Porque todas las historias tienen mucho más que contar.

Es hermoso. No hay otras palabras que puedan describir lo que mis ojos están viendo. El bosque está lleno de nieve, los pinos tienen una ligera capa de hielo en sus ramas, el cielo es gris y no hay ruido en el exterior… todo está realmente tranquilo. Una extraña paz me invade, se siente bien, aunque es doloroso a la vez. El dolor no es producto de mis dedos amoratados por el frío, lo sé, hay algo que es diferente, no sé qué es, pero me siento extraña. Creo que es porque este mes no escribiré nada para la revista, es extraño no trabajar. En fin, creo que es hora de sacar algunos cobertores, no creo que pase la noche con solo una sabana.

Voy al único mueble en mi habitación, un gran armario de madera de caoba. Es viejo, sus puertas rechinan al abrirlas, la madera es frágil y podrida. En cualquier momento se vendrá abajo, pero los recuerdos de mi madre se encuentran atrapados en ese mueble. Su ropa y sus cosas siguen ahí… aunque ya han pasado 15 años desde su muerte. Sin pensarlo mucho alcanzo un cobertor de la repisa superior, algo cae a mi lado, es una caja… una pequeña caja de madera. Tiene algo de polvo encima de ella, parece que tiene algo tallado en la tapa… “EVY”. ¡Es la letra de mamá!, ella lo escribió en la tapa de la caja. ¿Qué habrá dentro?

Al abrirla me encuentro con un montón de papeles doblados en cuatro, entonces me siento en el piso y comienzo a leerlos uno por uno…

Querido Santa, esta navidad me gustaría pedirte la muñeca de la princesa del bosque. Gracias”. Evy, navidad del 99.

Santa, el año pasado no me trajiste nada… me puse muy triste, por favor este año tráeme a mi muñeca. Gracias”. Evy, navidad del 2000.

Santa, es en serio. Mis amigas se burlan de mi porque soy a la única a quien no le trajiste nada… este año tráemela, por favor”. Evy, navidad del 2001.

“¡Santa! ¡Por favor! Tráeme lo que sea, me gustaría que me trajeras, aunque sea una pelota. Nunca me has regalado nada… todavía quiero creer en ti”. Evy, navidad del 2002.

Después de esas cartas, hasta el fondo hay una que solo está arrugada. La tomo y comienzo a leer.

Querido Santa… Gracias por haberme traído a la muñeca. Pero quiero hacer un trato contigo… Yo te devuelvo a la muñeca si me regresas a mi mamá… la extraño mucho, por favor, devuélvemela…”

La curiosidad se apodera de mí y busco dentro del armario, no estaba equivocada, dentro estaba la muñeca que tanto desee. Bajo las escaleras y veo en la sala a mi padre. Hoy se quedó en casa… pues no se trabaja en navidad. Él estaba viendo una parte del suelo de la sala, parecía que estuviera viendo algo ahí… me le acerco y le muestro la muñeca. -Mira, la encontré. Es el regalo que me dio Santa… ¿lo recuerdas? -.

Él sube la mirada, pero como siempre nunca me ve a los ojos. Solo ve mi torso o mi cabello, desde que mamá falleció ya nunca me ve a la cara. Sus ojos se posan en la vieja muñeca, solamente para decir: -Ah… ¿te refieres a la estúpida muñeca con la que dejaste de llorar por una muerta?… Sí, me acuerdo de ella…-

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de autor desconocido. Imagen tomada de Internet.