Una historia para replantearse la vida.

Nada, ya no había nada a que aferrarme, sólo una indiferencia asqueante que me atormentaba, así que tomé mis cosas y me mudé al sótano.

No siempre fue así sabes, pero el pensar Te mata o por lo menos a mí me mató.

Antes, cuando salía la calle observaba a las personas y veía desigualdad, miedo y tristeza convertido en odio. Realmente me torturaba la impotencia de no poder remediar su dolor.

Yo no tenía hijos, ni novia, ni padres, ni nada. solo me tenía a mí en el hilo finito de la vida que me enredaba con mis pasos cansados de vivir por vivir.

Mi abuelo fue alcohólico, mi padre también. Yo en mi niñez juré no beber, pero harto de todo y buscando un escape al alcohol me entregué. Qué ironía, ¿no? tocar con todo odio el agua para convertirme en marea. Inundando mi alma el licor y lágrimas sabía que ya no tenía esperanza.

Así que me fui a mi casa y con la idea de no volver a sentir me mudé al sótano para nunca más salir de ahí para no ver el reflejo del sufrimiento en los ojos de inocentes o en las manos manchadas de un hombre que con orgullo porta su corbata. Tomé mis cosas y como un muerto bajé a la tierra que habité, escondiéndome de la vida huyendo del pesar. Durante un tiempo no comí y sólo bebí el poco alcohol que me quedaba. Dejé de ser consciente de las horas, los días, del sol que anuncia un nuevo amanecer. Me convertí en un objeto, en algo que no siente, en un mueble. Ya era un mueble.

Morí en compañía de la oscuridad y el silencio sobre una alfombra y con el frío rompiéndome las costillas. Después de mi muerte mi alma se fundió en cada uno de los objetos presentes en el sótano. Pasé la vida y parte de la muerte guardando mi alma, aburrido y estancado como un mueble. Hasta que un hombre, se apropió de mí. Él me liberó, me sacó a la vida nuevamente.

Y no, no te preocupes, nada cambió afuera. Vi lo mismo de siempre, pero esta vez sabía que no podía ir por la vida pretendiendo observar a la gente, cuando la verdad es que siento a la gente y tú me sientes a mí en este momento mientras lees esto y alguien te siente. Quizá no lo sabes, yo no lo supe hasta que mi muerte. Ahora sé que debí compartir lo que sentía y no evitar sentir, aunque importa poco en este momento. Ya me voy de aquí, pero claro, no sin antes hacerle una visita al hombre con el que ahora comparto mis muebles y una parte de mí.

Escrito por: Ximena Delgado
En Instagram como @ximena.delgadorodesno