La rosa negra III: Voz oscura

-Después de todo soy yo la que está encadenada y tú tienes las llaves de mis esposas-.

El invierno siempre me trae problemas. El piso está más frío que de costumbre, mi ropa está más delgada que el año pasado, el poco dinero que gano en la revista no me alcanza y este año no recibí pago. Aunque aún tengo un poco de arroz, si lo raciono me alcanzará para otros cinco días más.

La carta que hoy recibí no ayuda mi situación:

Querida señorita Evy: Por medio de la presente se le informa que su espacio en la revista ha sido removido temporalmente; con esto se busca darle oportunidad de trabajo a escritores más jóvenes. Se le notificará si seguirá con sus escritos o será eliminada permanentemente de las ediciones. Firma: Editorial Bosque Invernal.

Sentí pánico al leerla, si no gano más dinero de esta forma mi padre se enojará y volverá a lastimarme… O me dejará sin comer… me hará dormir afuera… le tengo miedo a los lobos… ¡no quiero!… ¡NO QUIERO!

Mi padre no ha vuelto, lleva toda una semana fuera de casa y me preocupa que algo le pase.

– ¿Segura? No crees que nuestra vida sería mejor sin él-.

– Cállate, no quiero hablar contigo-.

– ¿Por qué? Sabes que lo único que quiero es tu bienestar-.

– Solo quieres aprovecharte de mí y lo sabes-.

– En eso no te equivocas, después de todo soy yo la que está encadenada y tú tienes las llaves de mis esposas-.

-Por algo te tengo así. Te recomiendo que no hables, sabes que te desprecio-.

– Lo sé, pero también sabes que te amo y me duele mucho el verte así-.

– ¿Cómo? -.

– Cubriéndote bajo una personalidad falsa para no terminar igual que tu madre-.

Termino nuestra conversación cuando le doy un puñetazo en la cara. Por eso nunca hablo con ella. Mi puño sangra, pero no me importa, mientras esté callada todo será mejor para mí.

La puerta se abre y siento un escalofrío recorrer mi cuerpo. Sus pasos son consistentes, está sobrio. Entra con calma a mi habitación.

-Quiero que entiendas algo. Si dejas de darme dinero cada vez que te paguen, no volverás a poner un pie en esta casa y yo mismo me aseguraré de que los lobos acaben contigo, ¿entendiste? -.

Sigue sin verme a la cara, solo ve como mi sangre cae al suelo. Dos gotas lo hacen simultáneamente, y esto basta para distraerlo.

-Si padre, te seguiré dando dinero, pero por favor no me dejes sola en el bosque-. El llanto me invade, no lo puedo evitar, odio a los lobos.

-Pareces una estúpida cuando lloras, solo los débiles lloran, como tú madre-. Se retira de mi habitación y otra vez me sumerjo en mi silente tortura.

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de autor desconocido. Imagen tomada de Internet.

El portal a otra dimensión

Todo comenzó con una noche lluviosa mientras estaba acostado en mi cama pensando.De repente, en varias ocasiones empecé a escuchar voces que decían mi nombre: “Esteban”

Yo pensé que era sólo una coincidencia, ya que mi vecino se llama igual, pero recordé que estaba solo en mi cuarto y no podía escucharlos por lo lejos que estaban.
Me fije en la hora y ya pasaban de las 12:30 am, cuando no sólo se conformó con decir mi nombre, sino que pedía que abriera la puerta del armario…

Atemorizado me levanté de la cama y me dirigí hacia él, sentí un frío tremendo, abrí lentamente el armario, pero no había nada. Las ventanas de mi habitación se abrieron de golpe, al instante se hizo presente una sombra que poco a poco la fui percibiendo más cerca de mí.

Corrí al baño, me quedé observando mi pálida cara en el espejo, a través del cual salieron unas manos que me tomaron de los hombros. Traté de escapar, pero esa cosa me atrapó y me llevó a otro sitió…a otra dimensión, donde vi por todas partes seres flotando, eran almas atrapadas. Sentí cómo los vellos de mi piel se erizaron, no me pude contener y grité desesperadamente pidiendo ayuda mientras miraba por todas partes buscando cómo salir de ahí, pero lo único que conseguí es la atención de varias almas que se aproximaban.

En el intento de escapar, mis pies daban pasos hacia atrás, pero de repente dejé de pisar el suelo y comencé a caer por un agujero. Durante el descenso no podía ver nada, todo era tan oscuro, y de repente…sentí el doloroso impacto. Mientras yacía en el piso, todavía no me recuperaba del dolor ni del susto cuando mis pies fueron tomados por unas manos huesudas que me iban arrastrando mientras que una voz me decía: -Al fin te encontramos, es hora de que tu final llegue.

De la nada, un hombre misterioso y alto apareció, se acercó hacia nosotros e intentó separar las esqueléticas extremidades que me sujetaban, hasta que logró arrancarlas y así, quedé libre. El hombre me miró y con una firme voz dijo que me ayudaría a salir de este infierno.

Sin mencionar ni una palabra y atónito del susto, sólo lo seguí. En el camino, dijo que si un alma me tocaba quedaría atrapado por siempre y moriría de una manera muy cruel en éste horrible lugar.

Me llevó al lugar donde se refugiaba. Esa noche fue la más larga de mi vida.

Al salir los primeros rayos del sol partimos en busca del portal para regresar a donde pertenecemos. Caminamos por mucho tiempo hasta llegar a un bosque. Yo no quería entrar, tenía miedo de lo que podría encontrar, pero él dijo que era el único camino que nos llevaría a nuestra libertad.

Entramos al bosque. El tiempo transcurría mientras nosotros  recorríamos  toda esa flora y fauna, que hasta el momento ningún otro ser  se había hecho presente. De repente un venado salió corriendo tan cerca de mí que me embistió derribándome. Con la caída me golpeé la cabeza con un tronco que me hizo perder el conocimiento.

El señor misterioso y alto me cargó, caminó hasta que por fin logró sacarnos del bosque. Al recuperar el conocimiento lo primero que vi fue una cascada y al voltear él estaba a lado mío. Ambos redirigimos la mirada hacia la caída del agua donde de momento percibimos algo reluciente, pensamos que era el portal, pero al acercarnos nos dimos cuenta de que era una perla, la cual, según él, nos serviría para abrir el acceso de regreso a casa.

Mientras tanto, del otro lado del bosque, las almas estaban enloquecidas y desesperadas   por saciar su sed y palpar nuestro cuerpo para así quedarnos atrapados por siempre a hacerles compañía.

Continuará…

Escrito por: Néstor Gutiérrez,
Engel Martínez ,
Heriberto Padilla
y
Jesús Méndez