Amiga mía

Siempre me he levantado con la esperanza de volver a verla. Ya hace tiempo que la sigo ignorando por la carta de despedida que me hizo.

No puedo creer que me haya hecho esto, tantos años de amistad para que en un pequeño momento con una carta termine con todo esto.  Vamos Nohemí piénsalo, tal vez sólo quería un tiempo. Sí, debe ser eso, tal vez sólo necesite un tiempo.

Pasaron los días y esas palabras seguían resonando en mi cabeza:

“Sólo quiere un tiempo”

Seguí yendo a la escuela como cualquier día normal. Me propuse no pensar en eso, más cada vez que lo intentaba no podía. Llegó un momento en el que decidí hablarle, y decirle a la cara:

¡Annie! ¿Por qué me hiciste esto? No entiendo qué hice mal para que me dieras la noticia de que ya no quieres ser mi amiga, dime ¿Qué hice mal? ¿Qué puedo hacer para reconciliarnos?

-Me formulé esas palabras hasta que llegué a su lugar en la clase. La vi, estaba sentada en su mesa sollozando, en ese momento me paralicé. En verdad ella estaba llorando, pero ¿Cuál es la razón por la que está así? Después de eso mi primera reacción fue tocarla por el hombro y esperar a que volteara, a lo que ella reaccionó con un breve sorbido de mocos mientras que subía sus manos para limpiarse las lágrimas.

Posteriormente volteó levemente hacia mí y me miró con sorpresa al igual que yo a ella.

En ese momento tan sólo recordé lo que tenía pensado decirle, más al verla así de rota, quebrada y frágil, me sentí en la necesidad de consolarla, por lo cual le pregunté:

– ¿Estás bien? -Le hice esta pregunta pensando en saber qué o quién era lo que le había causado este sentimiento.

-Sí-contestó, seca y fríamente.

– ¿En serio? ¿no hay algo en lo que pueda ayudarte?

-Sí, ¿No escuchaste?, estoy bien-decía estas palabras tomando sus cosas y levantándose de su lugar.

Por lo que inmediatamente la detuve, la tomé de su mano y le dije…

-Por favor… No te vayas- dije esto con la voz entrecortada por el sentimiento-por favor, no te vayas, dime, ¿acaso hice algo que te molestara?

Ella tan sólo tenía la mirada perpleja en mi rostro con unas pocas lágrimas saliendo de él.

-Sólo dime ¿Cómo puedo hacer para que volvamos a ser amigas?, acaso ¿quieres que cambie mi actitud?, ¿que deje de gritar porque te molesta? No me importa qué pidas, pero por favor, no dejes que esto acabe de esta forma.

Es este momento mi cara estaba llena totalmente de lágrimas escurriendo sin parar. Con tantas lagrimas escurriendo por mi rostro, no logré ver cuando ella me tomó de la mano y me dijo:

-Yo…Lo siento en verdad, no quise terminar con la amistad, pero-Se le entrecortó la voz porque volvió a llorar-Lo siento en serio, no quería herirte, pero, me empezaba a sentir sofocadas por tantas personas que me decían que no eras una buena amistad.

¿En serio?… pero qué razones tenían para opinar de nuestra relación, nosotras somos amigas, no ellas- me empecé a tornar un poco enojada por su respuesta, pero aun así me sentí culpable por ocasionar que la única solución que ella encontrara fuera terminar con esto.

-Sí, lo… lo siento, pero no encontré otra salida. Además, me sentía sola, ya no venías seguido a visitarme por lo que tomé la decisión de hacer la carta-Lloró de una manera tan intensa que lograba sentir su arrepentimiento, por lo que intenté consolarla para que dejara de hacerlo.

Mi siguiente acción fue abrazarla para calmarla y a mí por igual, para que volviera a sentir esa confianza y calidez que extrañábamos desde hace tiempo.

La clase terminó y esperé hasta la hora de la salida para volver a hablarle. La encontré sentada en la banca del patio, caminé hacia ella y la tomé de la mano, ella inmediatamente me volteó a ver con una sonrisa en su rostro y me dijo:

-Oye, tengo algo más que decirte-eso me lo dijo con un poco de tristeza, por lo que me preocupé.

-Dime.

-Otra razón por la que escribí la carta fue porque…-hizo una pausa que mantuvo mi duda por un buen rato- me acaban de detectar una enfermedad terminal y no quería que me vieras sufrir. Como iba empeorando, decidí mandártela. Hoy me informaron cuanto tiempo me resta de vida y me arrepentí de todo corazón por haber roto con nuestra amistad. Justo en ese momento llegaste.

-Su cara no representaba nada más que calma y liberación, en cambio me quedé atónita al enterarme de la noticia, mi reacción inmediata fue ponerme las manos en mi cara y comenzar a llorar.Me dio un abrazo demasiado acogedor que no rechacé.
Lloré a todo pulmón negándome a aceptar lo que Annie me había dicho.

Autora: Jimena Nohemí Bautista Ramírez.

La rosa negra IV: ¿arderías conmigo?

– No quiero que recites nada, lo único que deseo hacer es ayudarte. Después de todo, tú eres la persona a la que amo -.

¿Sabes lo que es amar? Es una tontería, ¿cómo algo que ni siquiera ves puede causarte tanto sufrimiento y alegría? ¿Cómo es posible que te haga gritar y quedarte mudo al mismo tiempo? ¿Cómo es que puede ahogarte mientras te quemas? ¿Cómo es que te da todo de sí y no pide nada a cambio? ¿Es acaso posible que todas estas cosas estén juntas en un solo ser? Pues, la respuesta es sí.

Éste puede aparecer en cualquier parte, en la forma en la que menos te imaginas; que sin ningún esfuerzo se adentre en lo más profundo de tu alma, en cada pensamiento y en cada latido de tu corazón. Se te mostrará como un ramo de tallos, en el cual solo uno de ellos tiene la flor que deseas; cuando la encuentres verás que no necesita que la cuides, te hará derrumbarte o te marcará para siempre, crecerá en la oscuridad para brindarte su propia luz, convertirá tus maldiciones en besos y cambiará el significado de tus palabras.

¿Cómo es que te puedo relatar todo esto? Porque lo viví y sé lo que es, simplemente es amor. El amor no tiene sentido, tampoco tiene un nombre, el amor no tiene miedo, es tan infinito como el horizonte que miras cuando estas al borde del precipicio, pero nunca te dejará caer. El amor es la única base que necesita el hombre para hacer cosas maravillosas. Nunca se debe culpar al amor por una consecuencia no deseada, éste está ahí para dar felicidad y gozo a quien lo experimente; es imperdonable el confundir el amor con solo una pasión carnal. La pasión tiene una flama muy potente pero efímera, el amor por su parte hará que esa flama crezca a su ritmo y su calor será más placentero que una llama que solo quema con verla. Evy”.

Después de varios días de desvelo, al fin he terminado mi última esperanza de quedarme en la revista, espero que sea de su agrado. Me prometieron 6 meses seguros de publicaciones si tenía una buena crítica mi escrito.

Me levanto del escritorio que tengo en mi habitación y me dirijo a la ventana para que el frío de la madrugada relaje mis pensamientos y me ayude a recuperar el sueño que perdí días atrás. Aunque ya no hay nieve en el bosque, el frío se ha quedado, aunque es soportable. Un lamento me saca de mis pensamientos, uno que conozco muy bien, se escucha a lo lejos, pero la sensación es la misma para mí: el aullido de un lobo.

¡No, otra vez no! Las imágenes son tan claras como el día en que la vi.

La sangre regada en el piso, el olor de la bestia, el sonido de la lluvia. Me observa, me está mirando a los ojos. Lloro y llamo a gritos a mi madre, pero ella no me responde. ¡Mamá! ¡Mamá haz algo, tengo miedo mamá! ¿Por qué no te levantas? ¡Mamá ayúdame! De repente, unos cálidos y pesados brazos me envuelven en un extraño abrazo. Coloca su cabeza en mi cuello y aprovecha la situación para hablarme al oído.

-¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan alterada?-.

-No tengo por qué decírtelo -.

No deber ser así, sé que tienes miedo. Les temes a ellos, a los lobos -.

-¿Y saber eso no es suficiente? -. Es extraño, hoy no me molesta su presencia. Hasta su abrazo ayuda a calmarme-. ¿O qué palabras quieres que diga?

– No quiero que recites nada, lo único que deseo hacer es ayudarte. Después de todo, tú eres la persona a la que amo -.

-Eso ya lo sé -. Siento como un leve rubor sube por mis mejillas. – Pero tus dulces palabras no servirán de nada para que te libere -.

-Eso no me importa en este momento. Por ahora solo quiero que estés bien y que duermas -.

-Sí, es lo que necesito -. A veces me sorprende con sus acciones, aunque debo admitir que sé lo que ella siente por mí… y que yo también siento lo mismo- vuelve a tu lugar y yo iré a dormir.

-Entendido. No te molestaré en un buen rato, ¿te parece? -.

-Sí, me agrada esa idea-.

-Evy, te amo -.

-Yo también te amo *********.

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de Alejandro Negro, en Instagram como @solosoynegro.