Amiga mía

Siempre me he levantado con la esperanza de volver a verla. Ya hace tiempo que la sigo ignorando por la carta de despedida que me hizo.

No puedo creer que me haya hecho esto, tantos años de amistad para que en un pequeño momento con una carta termine con todo esto.  Vamos Nohemí piénsalo, tal vez sólo quería un tiempo. Sí, debe ser eso, tal vez sólo necesite un tiempo.

Pasaron los días y esas palabras seguían resonando en mi cabeza:

“Sólo quiere un tiempo”

Seguí yendo a la escuela como cualquier día normal. Me propuse no pensar en eso, más cada vez que lo intentaba no podía. Llegó un momento en el que decidí hablarle, y decirle a la cara:

¡Annie! ¿Por qué me hiciste esto? No entiendo qué hice mal para que me dieras la noticia de que ya no quieres ser mi amiga, dime ¿Qué hice mal? ¿Qué puedo hacer para reconciliarnos?

-Me formulé esas palabras hasta que llegué a su lugar en la clase. La vi, estaba sentada en su mesa sollozando, en ese momento me paralicé. En verdad ella estaba llorando, pero ¿Cuál es la razón por la que está así? Después de eso mi primera reacción fue tocarla por el hombro y esperar a que volteara, a lo que ella reaccionó con un breve sorbido de mocos mientras que subía sus manos para limpiarse las lágrimas.

Posteriormente volteó levemente hacia mí y me miró con sorpresa al igual que yo a ella.

En ese momento tan sólo recordé lo que tenía pensado decirle, más al verla así de rota, quebrada y frágil, me sentí en la necesidad de consolarla, por lo cual le pregunté:

– ¿Estás bien? -Le hice esta pregunta pensando en saber qué o quién era lo que le había causado este sentimiento.

-Sí-contestó, seca y fríamente.

– ¿En serio? ¿no hay algo en lo que pueda ayudarte?

-Sí, ¿No escuchaste?, estoy bien-decía estas palabras tomando sus cosas y levantándose de su lugar.

Por lo que inmediatamente la detuve, la tomé de su mano y le dije…

-Por favor… No te vayas- dije esto con la voz entrecortada por el sentimiento-por favor, no te vayas, dime, ¿acaso hice algo que te molestara?

Ella tan sólo tenía la mirada perpleja en mi rostro con unas pocas lágrimas saliendo de él.

-Sólo dime ¿Cómo puedo hacer para que volvamos a ser amigas?, acaso ¿quieres que cambie mi actitud?, ¿que deje de gritar porque te molesta? No me importa qué pidas, pero por favor, no dejes que esto acabe de esta forma.

Es este momento mi cara estaba llena totalmente de lágrimas escurriendo sin parar. Con tantas lagrimas escurriendo por mi rostro, no logré ver cuando ella me tomó de la mano y me dijo:

-Yo…Lo siento en verdad, no quise terminar con la amistad, pero-Se le entrecortó la voz porque volvió a llorar-Lo siento en serio, no quería herirte, pero, me empezaba a sentir sofocadas por tantas personas que me decían que no eras una buena amistad.

¿En serio?… pero qué razones tenían para opinar de nuestra relación, nosotras somos amigas, no ellas- me empecé a tornar un poco enojada por su respuesta, pero aun así me sentí culpable por ocasionar que la única solución que ella encontrara fuera terminar con esto.

-Sí, lo… lo siento, pero no encontré otra salida. Además, me sentía sola, ya no venías seguido a visitarme por lo que tomé la decisión de hacer la carta-Lloró de una manera tan intensa que lograba sentir su arrepentimiento, por lo que intenté consolarla para que dejara de hacerlo.

Mi siguiente acción fue abrazarla para calmarla y a mí por igual, para que volviera a sentir esa confianza y calidez que extrañábamos desde hace tiempo.

La clase terminó y esperé hasta la hora de la salida para volver a hablarle. La encontré sentada en la banca del patio, caminé hacia ella y la tomé de la mano, ella inmediatamente me volteó a ver con una sonrisa en su rostro y me dijo:

-Oye, tengo algo más que decirte-eso me lo dijo con un poco de tristeza, por lo que me preocupé.

-Dime.

-Otra razón por la que escribí la carta fue porque…-hizo una pausa que mantuvo mi duda por un buen rato- me acaban de detectar una enfermedad terminal y no quería que me vieras sufrir. Como iba empeorando, decidí mandártela. Hoy me informaron cuanto tiempo me resta de vida y me arrepentí de todo corazón por haber roto con nuestra amistad. Justo en ese momento llegaste.

-Su cara no representaba nada más que calma y liberación, en cambio me quedé atónita al enterarme de la noticia, mi reacción inmediata fue ponerme las manos en mi cara y comenzar a llorar.Me dio un abrazo demasiado acogedor que no rechacé.
Lloré a todo pulmón negándome a aceptar lo que Annie me había dicho.

Autora: Jimena Nohemí Bautista Ramírez.

La rosa negra IV: ¿arderías conmigo?

– No quiero que recites nada, lo único que deseo hacer es ayudarte. Después de todo, tú eres la persona a la que amo -.

¿Sabes lo que es amar? Es una tontería, ¿cómo algo que ni siquiera ves puede causarte tanto sufrimiento y alegría? ¿Cómo es posible que te haga gritar y quedarte mudo al mismo tiempo? ¿Cómo es que puede ahogarte mientras te quemas? ¿Cómo es que te da todo de sí y no pide nada a cambio? ¿Es acaso posible que todas estas cosas estén juntas en un solo ser? Pues, la respuesta es sí.

Éste puede aparecer en cualquier parte, en la forma en la que menos te imaginas; que sin ningún esfuerzo se adentre en lo más profundo de tu alma, en cada pensamiento y en cada latido de tu corazón. Se te mostrará como un ramo de tallos, en el cual solo uno de ellos tiene la flor que deseas; cuando la encuentres verás que no necesita que la cuides, te hará derrumbarte o te marcará para siempre, crecerá en la oscuridad para brindarte su propia luz, convertirá tus maldiciones en besos y cambiará el significado de tus palabras.

¿Cómo es que te puedo relatar todo esto? Porque lo viví y sé lo que es, simplemente es amor. El amor no tiene sentido, tampoco tiene un nombre, el amor no tiene miedo, es tan infinito como el horizonte que miras cuando estas al borde del precipicio, pero nunca te dejará caer. El amor es la única base que necesita el hombre para hacer cosas maravillosas. Nunca se debe culpar al amor por una consecuencia no deseada, éste está ahí para dar felicidad y gozo a quien lo experimente; es imperdonable el confundir el amor con solo una pasión carnal. La pasión tiene una flama muy potente pero efímera, el amor por su parte hará que esa flama crezca a su ritmo y su calor será más placentero que una llama que solo quema con verla. Evy”.

Después de varios días de desvelo, al fin he terminado mi última esperanza de quedarme en la revista, espero que sea de su agrado. Me prometieron 6 meses seguros de publicaciones si tenía una buena crítica mi escrito.

Me levanto del escritorio que tengo en mi habitación y me dirijo a la ventana para que el frío de la madrugada relaje mis pensamientos y me ayude a recuperar el sueño que perdí días atrás. Aunque ya no hay nieve en el bosque, el frío se ha quedado, aunque es soportable. Un lamento me saca de mis pensamientos, uno que conozco muy bien, se escucha a lo lejos, pero la sensación es la misma para mí: el aullido de un lobo.

¡No, otra vez no! Las imágenes son tan claras como el día en que la vi.

La sangre regada en el piso, el olor de la bestia, el sonido de la lluvia. Me observa, me está mirando a los ojos. Lloro y llamo a gritos a mi madre, pero ella no me responde. ¡Mamá! ¡Mamá haz algo, tengo miedo mamá! ¿Por qué no te levantas? ¡Mamá ayúdame! De repente, unos cálidos y pesados brazos me envuelven en un extraño abrazo. Coloca su cabeza en mi cuello y aprovecha la situación para hablarme al oído.

-¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan alterada?-.

-No tengo por qué decírtelo -.

No deber ser así, sé que tienes miedo. Les temes a ellos, a los lobos -.

-¿Y saber eso no es suficiente? -. Es extraño, hoy no me molesta su presencia. Hasta su abrazo ayuda a calmarme-. ¿O qué palabras quieres que diga?

– No quiero que recites nada, lo único que deseo hacer es ayudarte. Después de todo, tú eres la persona a la que amo -.

-Eso ya lo sé -. Siento como un leve rubor sube por mis mejillas. – Pero tus dulces palabras no servirán de nada para que te libere -.

-Eso no me importa en este momento. Por ahora solo quiero que estés bien y que duermas -.

-Sí, es lo que necesito -. A veces me sorprende con sus acciones, aunque debo admitir que sé lo que ella siente por mí… y que yo también siento lo mismo- vuelve a tu lugar y yo iré a dormir.

-Entendido. No te molestaré en un buen rato, ¿te parece? -.

-Sí, me agrada esa idea-.

-Evy, te amo -.

-Yo también te amo *********.

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de Alejandro Negro, en Instagram como @solosoynegro.

La rosa negra III: Voz oscura

-Después de todo soy yo la que está encadenada y tú tienes las llaves de mis esposas-.

El invierno siempre me trae problemas. El piso está más frío que de costumbre, mi ropa está más delgada que el año pasado, el poco dinero que gano en la revista no me alcanza y este año no recibí pago. Aunque aún tengo un poco de arroz, si lo raciono me alcanzará para otros cinco días más.

La carta que hoy recibí no ayuda mi situación:

Querida señorita Evy: Por medio de la presente se le informa que su espacio en la revista ha sido removido temporalmente; con esto se busca darle oportunidad de trabajo a escritores más jóvenes. Se le notificará si seguirá con sus escritos o será eliminada permanentemente de las ediciones. Firma: Editorial Bosque Invernal.

Sentí pánico al leerla, si no gano más dinero de esta forma mi padre se enojará y volverá a lastimarme… O me dejará sin comer… me hará dormir afuera… le tengo miedo a los lobos… ¡no quiero!… ¡NO QUIERO!

Mi padre no ha vuelto, lleva toda una semana fuera de casa y me preocupa que algo le pase.

– ¿Segura? No crees que nuestra vida sería mejor sin él-.

– Cállate, no quiero hablar contigo-.

– ¿Por qué? Sabes que lo único que quiero es tu bienestar-.

– Solo quieres aprovecharte de mí y lo sabes-.

– En eso no te equivocas, después de todo soy yo la que está encadenada y tú tienes las llaves de mis esposas-.

-Por algo te tengo así. Te recomiendo que no hables, sabes que te desprecio-.

– Lo sé, pero también sabes que te amo y me duele mucho el verte así-.

– ¿Cómo? -.

– Cubriéndote bajo una personalidad falsa para no terminar igual que tu madre-.

Termino nuestra conversación cuando le doy un puñetazo en la cara. Por eso nunca hablo con ella. Mi puño sangra, pero no me importa, mientras esté callada todo será mejor para mí.

La puerta se abre y siento un escalofrío recorrer mi cuerpo. Sus pasos son consistentes, está sobrio. Entra con calma a mi habitación.

-Quiero que entiendas algo. Si dejas de darme dinero cada vez que te paguen, no volverás a poner un pie en esta casa y yo mismo me aseguraré de que los lobos acaben contigo, ¿entendiste? -.

Sigue sin verme a la cara, solo ve como mi sangre cae al suelo. Dos gotas lo hacen simultáneamente, y esto basta para distraerlo.

-Si padre, te seguiré dando dinero, pero por favor no me dejes sola en el bosque-. El llanto me invade, no lo puedo evitar, odio a los lobos.

-Pareces una estúpida cuando lloras, solo los débiles lloran, como tú madre-. Se retira de mi habitación y otra vez me sumerjo en mi silente tortura.

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de autor desconocido. Imagen tomada de Internet.

El portal a otra dimensión

Todo comenzó con una noche lluviosa mientras estaba acostado en mi cama pensando.De repente, en varias ocasiones empecé a escuchar voces que decían mi nombre: “Esteban”

Yo pensé que era sólo una coincidencia, ya que mi vecino se llama igual, pero recordé que estaba solo en mi cuarto y no podía escucharlos por lo lejos que estaban.
Me fije en la hora y ya pasaban de las 12:30 am, cuando no sólo se conformó con decir mi nombre, sino que pedía que abriera la puerta del armario…

Atemorizado me levanté de la cama y me dirigí hacia él, sentí un frío tremendo, abrí lentamente el armario, pero no había nada. Las ventanas de mi habitación se abrieron de golpe, al instante se hizo presente una sombra que poco a poco la fui percibiendo más cerca de mí.

Corrí al baño, me quedé observando mi pálida cara en el espejo, a través del cual salieron unas manos que me tomaron de los hombros. Traté de escapar, pero esa cosa me atrapó y me llevó a otro sitió…a otra dimensión, donde vi por todas partes seres flotando, eran almas atrapadas. Sentí cómo los vellos de mi piel se erizaron, no me pude contener y grité desesperadamente pidiendo ayuda mientras miraba por todas partes buscando cómo salir de ahí, pero lo único que conseguí es la atención de varias almas que se aproximaban.

En el intento de escapar, mis pies daban pasos hacia atrás, pero de repente dejé de pisar el suelo y comencé a caer por un agujero. Durante el descenso no podía ver nada, todo era tan oscuro, y de repente…sentí el doloroso impacto. Mientras yacía en el piso, todavía no me recuperaba del dolor ni del susto cuando mis pies fueron tomados por unas manos huesudas que me iban arrastrando mientras que una voz me decía: -Al fin te encontramos, es hora de que tu final llegue.

De la nada, un hombre misterioso y alto apareció, se acercó hacia nosotros e intentó separar las esqueléticas extremidades que me sujetaban, hasta que logró arrancarlas y así, quedé libre. El hombre me miró y con una firme voz dijo que me ayudaría a salir de este infierno.

Sin mencionar ni una palabra y atónito del susto, sólo lo seguí. En el camino, dijo que si un alma me tocaba quedaría atrapado por siempre y moriría de una manera muy cruel en éste horrible lugar.

Me llevó al lugar donde se refugiaba. Esa noche fue la más larga de mi vida.

Al salir los primeros rayos del sol partimos en busca del portal para regresar a donde pertenecemos. Caminamos por mucho tiempo hasta llegar a un bosque. Yo no quería entrar, tenía miedo de lo que podría encontrar, pero él dijo que era el único camino que nos llevaría a nuestra libertad.

Entramos al bosque. El tiempo transcurría mientras nosotros  recorríamos  toda esa flora y fauna, que hasta el momento ningún otro ser  se había hecho presente. De repente un venado salió corriendo tan cerca de mí que me embistió derribándome. Con la caída me golpeé la cabeza con un tronco que me hizo perder el conocimiento.

El señor misterioso y alto me cargó, caminó hasta que por fin logró sacarnos del bosque. Al recuperar el conocimiento lo primero que vi fue una cascada y al voltear él estaba a lado mío. Ambos redirigimos la mirada hacia la caída del agua donde de momento percibimos algo reluciente, pensamos que era el portal, pero al acercarnos nos dimos cuenta de que era una perla, la cual, según él, nos serviría para abrir el acceso de regreso a casa.

Mientras tanto, del otro lado del bosque, las almas estaban enloquecidas y desesperadas   por saciar su sed y palpar nuestro cuerpo para así quedarnos atrapados por siempre a hacerles compañía.

Continuará…

Escrito por: Néstor Gutiérrez,
Engel Martínez ,
Heriberto Padilla
y
Jesús Méndez

La espera

Una historia sobre la unión familiar

¡Desperté!, pero parece que nadie lo nota. Me siento muy cansada, todo me da vueltas. Mi madre está aquí sin poder controlar sus lágrimas. – ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué me pasó? Es inútil, no me escucha.

De pronto llega el doctor y con mucha delicadeza me pone una sábana encima de mi cara, empiezo a hablar y a tratar de moverme, pero no funciona. Mi madre llora cada vez más. Cuando por fin lo consigo me doy cuenta de que me encuentro en un lugar muy oscuro donde me está esperando un chico con una mirada tan fría que me provoca escalofríos. Se acerca y me dice – La única manera para dejar la tierra es esperar a tu familia para irse todos juntos -. Desaparece sin poder preguntarle mis dudas. En un momento me encuentro otra vez en el hospital tratando de reflexionar el tener que ver morir a mis padres para poder ser libre.

Primero, a los meses mi madre es destruida por un tráiler, ¡Todo por no fijarse al pasar la calle! y no pasa tanto tiempo cuando mi padre empieza a enloquecer por la pérdida de su familia que comienza a cortarse lentamente su cuerpo hasta que muere de una hemorragia.

Después de estar todos muertos nos encontramos para pasar el túnel e ir directo a la luz.

Escrito por: Lilia González

El sótano de los pensamientos

Una historia para replantearse la vida.

Nada, ya no había nada a que aferrarme, sólo una indiferencia asqueante que me atormentaba, así que tomé mis cosas y me mudé al sótano.

No siempre fue así sabes, pero el pensar Te mata o por lo menos a mí me mató.

Antes, cuando salía la calle observaba a las personas y veía desigualdad, miedo y tristeza convertido en odio. Realmente me torturaba la impotencia de no poder remediar su dolor.

Yo no tenía hijos, ni novia, ni padres, ni nada. solo me tenía a mí en el hilo finito de la vida que me enredaba con mis pasos cansados de vivir por vivir.

Mi abuelo fue alcohólico, mi padre también. Yo en mi niñez juré no beber, pero harto de todo y buscando un escape al alcohol me entregué. Qué ironía, ¿no? tocar con todo odio el agua para convertirme en marea. Inundando mi alma el licor y lágrimas sabía que ya no tenía esperanza.

Así que me fui a mi casa y con la idea de no volver a sentir me mudé al sótano para nunca más salir de ahí para no ver el reflejo del sufrimiento en los ojos de inocentes o en las manos manchadas de un hombre que con orgullo porta su corbata. Tomé mis cosas y como un muerto bajé a la tierra que habité, escondiéndome de la vida huyendo del pesar. Durante un tiempo no comí y sólo bebí el poco alcohol que me quedaba. Dejé de ser consciente de las horas, los días, del sol que anuncia un nuevo amanecer. Me convertí en un objeto, en algo que no siente, en un mueble. Ya era un mueble.

Morí en compañía de la oscuridad y el silencio sobre una alfombra y con el frío rompiéndome las costillas. Después de mi muerte mi alma se fundió en cada uno de los objetos presentes en el sótano. Pasé la vida y parte de la muerte guardando mi alma, aburrido y estancado como un mueble. Hasta que un hombre, se apropió de mí. Él me liberó, me sacó a la vida nuevamente.

Y no, no te preocupes, nada cambió afuera. Vi lo mismo de siempre, pero esta vez sabía que no podía ir por la vida pretendiendo observar a la gente, cuando la verdad es que siento a la gente y tú me sientes a mí en este momento mientras lees esto y alguien te siente. Quizá no lo sabes, yo no lo supe hasta que mi muerte. Ahora sé que debí compartir lo que sentía y no evitar sentir, aunque importa poco en este momento. Ya me voy de aquí, pero claro, no sin antes hacerle una visita al hombre con el que ahora comparto mis muebles y una parte de mí.

Escrito por: Ximena Delgado
En Instagram como @ximena.delgadorodesno

La rosa negra II

Porque todas las historias tienen mucho más que contar.

Es hermoso. No hay otras palabras que puedan describir lo que mis ojos están viendo. El bosque está lleno de nieve, los pinos tienen una ligera capa de hielo en sus ramas, el cielo es gris y no hay ruido en el exterior… todo está realmente tranquilo. Una extraña paz me invade, se siente bien, aunque es doloroso a la vez. El dolor no es producto de mis dedos amoratados por el frío, lo sé, hay algo que es diferente, no sé qué es, pero me siento extraña. Creo que es porque este mes no escribiré nada para la revista, es extraño no trabajar. En fin, creo que es hora de sacar algunos cobertores, no creo que pase la noche con solo una sabana.

Voy al único mueble en mi habitación, un gran armario de madera de caoba. Es viejo, sus puertas rechinan al abrirlas, la madera es frágil y podrida. En cualquier momento se vendrá abajo, pero los recuerdos de mi madre se encuentran atrapados en ese mueble. Su ropa y sus cosas siguen ahí… aunque ya han pasado 15 años desde su muerte. Sin pensarlo mucho alcanzo un cobertor de la repisa superior, algo cae a mi lado, es una caja… una pequeña caja de madera. Tiene algo de polvo encima de ella, parece que tiene algo tallado en la tapa… “EVY”. ¡Es la letra de mamá!, ella lo escribió en la tapa de la caja. ¿Qué habrá dentro?

Al abrirla me encuentro con un montón de papeles doblados en cuatro, entonces me siento en el piso y comienzo a leerlos uno por uno…

Querido Santa, esta navidad me gustaría pedirte la muñeca de la princesa del bosque. Gracias”. Evy, navidad del 99.

Santa, el año pasado no me trajiste nada… me puse muy triste, por favor este año tráeme a mi muñeca. Gracias”. Evy, navidad del 2000.

Santa, es en serio. Mis amigas se burlan de mi porque soy a la única a quien no le trajiste nada… este año tráemela, por favor”. Evy, navidad del 2001.

“¡Santa! ¡Por favor! Tráeme lo que sea, me gustaría que me trajeras, aunque sea una pelota. Nunca me has regalado nada… todavía quiero creer en ti”. Evy, navidad del 2002.

Después de esas cartas, hasta el fondo hay una que solo está arrugada. La tomo y comienzo a leer.

Querido Santa… Gracias por haberme traído a la muñeca. Pero quiero hacer un trato contigo… Yo te devuelvo a la muñeca si me regresas a mi mamá… la extraño mucho, por favor, devuélvemela…”

La curiosidad se apodera de mí y busco dentro del armario, no estaba equivocada, dentro estaba la muñeca que tanto desee. Bajo las escaleras y veo en la sala a mi padre. Hoy se quedó en casa… pues no se trabaja en navidad. Él estaba viendo una parte del suelo de la sala, parecía que estuviera viendo algo ahí… me le acerco y le muestro la muñeca. -Mira, la encontré. Es el regalo que me dio Santa… ¿lo recuerdas? -.

Él sube la mirada, pero como siempre nunca me ve a los ojos. Solo ve mi torso o mi cabello, desde que mamá falleció ya nunca me ve a la cara. Sus ojos se posan en la vieja muñeca, solamente para decir: -Ah… ¿te refieres a la estúpida muñeca con la que dejaste de llorar por una muerta?… Sí, me acuerdo de ella…-

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de autor desconocido. Imagen tomada de Internet.

Mi amigo

Una historia sobre las relaciones tóxicas.

No sé por qué sigo en este mundo si no sirvo para nada. Todos están decepcionados de mí.

No tengo nada qué hacer aquí. Mi amigo dice que él me quiere. Siempre está conmigo, y aunque la mayoría de las personas no lo ve, yo lo quiero muchísimo.

Hay algo malo en él, en mi amigo. Todas las noches cambia. Ya no es la persona amable que quiero. Me pide que termine con todo esto para que esté con él. Que lo acompañe hasta la eternidad. Yo no quiero. Amo a mis padres, aunque ellos a mí no. No los quiero abandonar.

Cada noche se pone así, violento. Honestamente, ya no quiero ser su amigo. No sé qué hacer. Amenazó con matar a mis padres. Quiero que ellos estén bien, por eso está noche terminaré con todo esto para poder estar eternamente con mi amigo, y por siempre en el corazón de mis padres.

Escrito por Marcelino Hernández del 3 A de la Sec. Gral 12 Ilustraciones por Alejandro Negro en instagram como @solosoynegro

Mi madre

Esta Navidad sólo vine a decirle a mi madre que la quiero mucho, que a pesar del tiempo que ha pasado aún llora por mí. Aún recuerdo las tardes en que solíamos estar juntos. Las noches de frío que pasábamos abrazados y todos aquellos bellos momentos que pasé a su lado.

Cómo olvidar cuando cocinaba mi comida favorita. Cuando me contaba historias por las noches. Y, a pesar de los regaños yo la amaba intensamente.

Aún recuerdo mi último día con ella el año pasado en Navidad. Estábamos en casa con toda la familia reunida.

Mamá sólo quiero decirte que aún sigo abrazándote cuando hay frío. Te cuento lo que pasa en mi día. Quiero que recuerdes que te amaré y te cuidaré siempre y por siempre.

Con cariño, tu hijo.

Escrito por Marcelino Hernández del 3 ° A de la Sec. 12

Ilustración de Alejandro Negro, en instagram como @solosoynegro