La rosa negra IV: ¿arderías conmigo?

– No quiero que recites nada, lo único que deseo hacer es ayudarte. Después de todo, tú eres la persona a la que amo -.

¿Sabes lo que es amar? Es una tontería, ¿cómo algo que ni siquiera ves puede causarte tanto sufrimiento y alegría? ¿Cómo es posible que te haga gritar y quedarte mudo al mismo tiempo? ¿Cómo es que puede ahogarte mientras te quemas? ¿Cómo es que te da todo de sí y no pide nada a cambio? ¿Es acaso posible que todas estas cosas estén juntas en un solo ser? Pues, la respuesta es sí.

Éste puede aparecer en cualquier parte, en la forma en la que menos te imaginas; que sin ningún esfuerzo se adentre en lo más profundo de tu alma, en cada pensamiento y en cada latido de tu corazón. Se te mostrará como un ramo de tallos, en el cual solo uno de ellos tiene la flor que deseas; cuando la encuentres verás que no necesita que la cuides, te hará derrumbarte o te marcará para siempre, crecerá en la oscuridad para brindarte su propia luz, convertirá tus maldiciones en besos y cambiará el significado de tus palabras.

¿Cómo es que te puedo relatar todo esto? Porque lo viví y sé lo que es, simplemente es amor. El amor no tiene sentido, tampoco tiene un nombre, el amor no tiene miedo, es tan infinito como el horizonte que miras cuando estas al borde del precipicio, pero nunca te dejará caer. El amor es la única base que necesita el hombre para hacer cosas maravillosas. Nunca se debe culpar al amor por una consecuencia no deseada, éste está ahí para dar felicidad y gozo a quien lo experimente; es imperdonable el confundir el amor con solo una pasión carnal. La pasión tiene una flama muy potente pero efímera, el amor por su parte hará que esa flama crezca a su ritmo y su calor será más placentero que una llama que solo quema con verla. Evy”.

Después de varios días de desvelo, al fin he terminado mi última esperanza de quedarme en la revista, espero que sea de su agrado. Me prometieron 6 meses seguros de publicaciones si tenía una buena crítica mi escrito.

Me levanto del escritorio que tengo en mi habitación y me dirijo a la ventana para que el frío de la madrugada relaje mis pensamientos y me ayude a recuperar el sueño que perdí días atrás. Aunque ya no hay nieve en el bosque, el frío se ha quedado, aunque es soportable. Un lamento me saca de mis pensamientos, uno que conozco muy bien, se escucha a lo lejos, pero la sensación es la misma para mí: el aullido de un lobo.

¡No, otra vez no! Las imágenes son tan claras como el día en que la vi.

La sangre regada en el piso, el olor de la bestia, el sonido de la lluvia. Me observa, me está mirando a los ojos. Lloro y llamo a gritos a mi madre, pero ella no me responde. ¡Mamá! ¡Mamá haz algo, tengo miedo mamá! ¿Por qué no te levantas? ¡Mamá ayúdame! De repente, unos cálidos y pesados brazos me envuelven en un extraño abrazo. Coloca su cabeza en mi cuello y aprovecha la situación para hablarme al oído.

-¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan alterada?-.

-No tengo por qué decírtelo -.

No deber ser así, sé que tienes miedo. Les temes a ellos, a los lobos -.

-¿Y saber eso no es suficiente? -. Es extraño, hoy no me molesta su presencia. Hasta su abrazo ayuda a calmarme-. ¿O qué palabras quieres que diga?

– No quiero que recites nada, lo único que deseo hacer es ayudarte. Después de todo, tú eres la persona a la que amo -.

-Eso ya lo sé -. Siento como un leve rubor sube por mis mejillas. – Pero tus dulces palabras no servirán de nada para que te libere -.

-Eso no me importa en este momento. Por ahora solo quiero que estés bien y que duermas -.

-Sí, es lo que necesito -. A veces me sorprende con sus acciones, aunque debo admitir que sé lo que ella siente por mí… y que yo también siento lo mismo- vuelve a tu lugar y yo iré a dormir.

-Entendido. No te molestaré en un buen rato, ¿te parece? -.

-Sí, me agrada esa idea-.

-Evy, te amo -.

-Yo también te amo *********.

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de Alejandro Negro, en Instagram como @solosoynegro.

La rosa negra III: Voz oscura

-Después de todo soy yo la que está encadenada y tú tienes las llaves de mis esposas-.

El invierno siempre me trae problemas. El piso está más frío que de costumbre, mi ropa está más delgada que el año pasado, el poco dinero que gano en la revista no me alcanza y este año no recibí pago. Aunque aún tengo un poco de arroz, si lo raciono me alcanzará para otros cinco días más.

La carta que hoy recibí no ayuda mi situación:

Querida señorita Evy: Por medio de la presente se le informa que su espacio en la revista ha sido removido temporalmente; con esto se busca darle oportunidad de trabajo a escritores más jóvenes. Se le notificará si seguirá con sus escritos o será eliminada permanentemente de las ediciones. Firma: Editorial Bosque Invernal.

Sentí pánico al leerla, si no gano más dinero de esta forma mi padre se enojará y volverá a lastimarme… O me dejará sin comer… me hará dormir afuera… le tengo miedo a los lobos… ¡no quiero!… ¡NO QUIERO!

Mi padre no ha vuelto, lleva toda una semana fuera de casa y me preocupa que algo le pase.

– ¿Segura? No crees que nuestra vida sería mejor sin él-.

– Cállate, no quiero hablar contigo-.

– ¿Por qué? Sabes que lo único que quiero es tu bienestar-.

– Solo quieres aprovecharte de mí y lo sabes-.

– En eso no te equivocas, después de todo soy yo la que está encadenada y tú tienes las llaves de mis esposas-.

-Por algo te tengo así. Te recomiendo que no hables, sabes que te desprecio-.

– Lo sé, pero también sabes que te amo y me duele mucho el verte así-.

– ¿Cómo? -.

– Cubriéndote bajo una personalidad falsa para no terminar igual que tu madre-.

Termino nuestra conversación cuando le doy un puñetazo en la cara. Por eso nunca hablo con ella. Mi puño sangra, pero no me importa, mientras esté callada todo será mejor para mí.

La puerta se abre y siento un escalofrío recorrer mi cuerpo. Sus pasos son consistentes, está sobrio. Entra con calma a mi habitación.

-Quiero que entiendas algo. Si dejas de darme dinero cada vez que te paguen, no volverás a poner un pie en esta casa y yo mismo me aseguraré de que los lobos acaben contigo, ¿entendiste? -.

Sigue sin verme a la cara, solo ve como mi sangre cae al suelo. Dos gotas lo hacen simultáneamente, y esto basta para distraerlo.

-Si padre, te seguiré dando dinero, pero por favor no me dejes sola en el bosque-. El llanto me invade, no lo puedo evitar, odio a los lobos.

-Pareces una estúpida cuando lloras, solo los débiles lloran, como tú madre-. Se retira de mi habitación y otra vez me sumerjo en mi silente tortura.

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de autor desconocido. Imagen tomada de Internet.

La rosa negra II

Porque todas las historias tienen mucho más que contar.

Es hermoso. No hay otras palabras que puedan describir lo que mis ojos están viendo. El bosque está lleno de nieve, los pinos tienen una ligera capa de hielo en sus ramas, el cielo es gris y no hay ruido en el exterior… todo está realmente tranquilo. Una extraña paz me invade, se siente bien, aunque es doloroso a la vez. El dolor no es producto de mis dedos amoratados por el frío, lo sé, hay algo que es diferente, no sé qué es, pero me siento extraña. Creo que es porque este mes no escribiré nada para la revista, es extraño no trabajar. En fin, creo que es hora de sacar algunos cobertores, no creo que pase la noche con solo una sabana.

Voy al único mueble en mi habitación, un gran armario de madera de caoba. Es viejo, sus puertas rechinan al abrirlas, la madera es frágil y podrida. En cualquier momento se vendrá abajo, pero los recuerdos de mi madre se encuentran atrapados en ese mueble. Su ropa y sus cosas siguen ahí… aunque ya han pasado 15 años desde su muerte. Sin pensarlo mucho alcanzo un cobertor de la repisa superior, algo cae a mi lado, es una caja… una pequeña caja de madera. Tiene algo de polvo encima de ella, parece que tiene algo tallado en la tapa… “EVY”. ¡Es la letra de mamá!, ella lo escribió en la tapa de la caja. ¿Qué habrá dentro?

Al abrirla me encuentro con un montón de papeles doblados en cuatro, entonces me siento en el piso y comienzo a leerlos uno por uno…

Querido Santa, esta navidad me gustaría pedirte la muñeca de la princesa del bosque. Gracias”. Evy, navidad del 99.

Santa, el año pasado no me trajiste nada… me puse muy triste, por favor este año tráeme a mi muñeca. Gracias”. Evy, navidad del 2000.

Santa, es en serio. Mis amigas se burlan de mi porque soy a la única a quien no le trajiste nada… este año tráemela, por favor”. Evy, navidad del 2001.

“¡Santa! ¡Por favor! Tráeme lo que sea, me gustaría que me trajeras, aunque sea una pelota. Nunca me has regalado nada… todavía quiero creer en ti”. Evy, navidad del 2002.

Después de esas cartas, hasta el fondo hay una que solo está arrugada. La tomo y comienzo a leer.

Querido Santa… Gracias por haberme traído a la muñeca. Pero quiero hacer un trato contigo… Yo te devuelvo a la muñeca si me regresas a mi mamá… la extraño mucho, por favor, devuélvemela…”

La curiosidad se apodera de mí y busco dentro del armario, no estaba equivocada, dentro estaba la muñeca que tanto desee. Bajo las escaleras y veo en la sala a mi padre. Hoy se quedó en casa… pues no se trabaja en navidad. Él estaba viendo una parte del suelo de la sala, parecía que estuviera viendo algo ahí… me le acerco y le muestro la muñeca. -Mira, la encontré. Es el regalo que me dio Santa… ¿lo recuerdas? -.

Él sube la mirada, pero como siempre nunca me ve a los ojos. Solo ve mi torso o mi cabello, desde que mamá falleció ya nunca me ve a la cara. Sus ojos se posan en la vieja muñeca, solamente para decir: -Ah… ¿te refieres a la estúpida muñeca con la que dejaste de llorar por una muerta?… Sí, me acuerdo de ella…-

Escrito por Aída Lunam, estudiante de preparatoria.

Ilustración de autor desconocido. Imagen tomada de Internet.

La rosa negra

Vendas… gasas limpias…alcohol… algodón… cinta… entablillado… y, finalmente, el anillo de mi madre.Ahora tengo todo listo para trabajar. No puedo evitar sonreír al pensar en qué cosa voy a escribir hoy. Son las 2:00 pm y es hora de comenzar, así que voy ami escritorio con pluma en mano y me siento dispuesta a hacer mi mayor esfuerzo para sorprender a mis lectores con mis historias. Tomo una hoja en blanco y observo por la ventana hacia el bosque que siempre me inspira.  Hoy, el cielo es azul intenso con enormes nubes blancas que caracterizan al verano. La idea ha llegado, es hora de escribir:

“CONFÍA EN MI”

            – ¿Por qué lloras? – me acerco a una chica que solloza silenciosamente en una banca del parque. Ella se ve unos 10 años más joven que yo y al parecer está sola, no hay nadie a su lado.

            – ¡Eso a ti no te importa! – me contesta de forma explosiva y sigue llorando.

            – Tienes razón, eso a mí no me incumbe. Pero veo que estás sola y no me gusta ver a una persona llorar sin el apoyo de nadie-. Al decir estas palabras ella me mira con asombro. Observa al piso por unos instantes para luego responderme con dolor: – La razón por la que estoy llorando es porque falleció mi madre y ella siempre me traía a este parque, su recuerdo me da un sabor agridulce-.

            – Ya veo – le respondo con voz entrecortada. – Eres como yo. Cuando tenía tu edad también perdí a mi madre, y mucha gente en la que confiaba me dejó sola. Por eso me gustaría ayudarte -.

            – ¿Y cómo piensas hacer eso? – me dice incrédula. Le contesto de la manera más dulce que puedo. -Diciéndote las palabras que me hubiesen gustado escuchar a tu edad-. Veo en sus ojos un leve brillo de esperanza, así que prosigo. -Si me hubieran dicho a dónde iba, de seguro habría perdido mi camino. También sé que no somos el peso de nuestros recuerdos.Confía en las cosas que tienes miedo de decir, porque en ellas veo posibilidades que tú no puedes ver. Agradece la oscuridad que vives ahora,porque de ella apreciarás la luz que está a punto de llegar. Confía en que caíste para aterrizar al lado de mejores personas. Confía en que el mañana es más fuerte que el presente, porque tu mente es el único obstáculo en el camino.Y me gustaría que vieras como las cicatrices se convierten en belleza cuando aceptas que está bien no sentirse bien. Resiste porque a pesar de todo sigues viva y con un corazón latente. Confía en mi porque yo he estado donde tú estás ahora, y he sentido el dolor de perderse a sí misma. No sabes cuantas veces sentí que moría… pero aún sigo de pie y te ayudaré a estarlo también-.

            – ¡Wow! … gracias… de verdad… gracias-. La chica terminó llorando más, pero eso no importa, cuando le decía esas palabras pude ver esa esperanza crecer y eso es suficiente recompensa para mí.

            Firma, Evy.

            Terminé justo a tiempo, llega el cartero a la misma horade siempre y le entrego mi artículo. Este se publica en una revista y al parecer mis textos gustan mucho.

            Llegan las 10:00 pm, mi hora favorita del día. Puntual como siempre se escucha que la puerta se abre de golpe, los pasos inconsistentes de un hombre corpulento se acercan a mi habitación. Al abrir la puerta veo su cara, con la mirada llena de odio que desea dañar a otros. Tiene el garrote en su mano, y aunque nunca me ve a los ojos sé que es lo que sigue.Alzo la mirada, le sonrío y digo con tono alegre: – Bienvenido a casa, padre-.

Escrito por Aída Godínez de la Preparatoria 17